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Por poco me parten la cara por querer ayudar 🫨

Por querer ayudar, por poco salgo con la cara llena de dedos jajaja!!! Lo más brutal es que el señor tenía toda la razón. Bueno, les cuento.

Hace apenas unos minutos estaba en una tienda por departamentos de estas bien grandes que no pienso decir el nomWALMART. El caso es que mientras estaba en una de las góndolas de accesorios para carros, haciendo el aguaje de que iba a comprar algo, pero la verdad estaba novelereando mientras esperaba a que Leyra terminara sus compras. En eso, me percato de este señor de unos 60 y pico de años de edad. Súper fit y con aspecto bien cocolo.

Me captaron la atención dos cosas sobre él. Una era que tenía en la muñeca derecha una pulsera de oro que hacía tiempo no veía y que cuando yo era chiquito le decían “el Valentino”. Esto de por sí ya lo hace un cocolo de la mata jeje!! Lo otro que captó mi atención era el ataque de hipo que tenía, pero súper notable. De estos ataques que no pasan ni 5 segundos cuando vuelve y PLAKATA, otro hipo… pues así.

Entonces, reconociendo que soy presentao y que me da con meterme donde no me importa, me voy dos góndolas más abajo, donde están los accesorios de pesca y cosas para acampar. Allí, mientras miraba unas linternas bien cool que jamás compraré, escucho nuevamente ese “HICOOOP” del don bien cerca de mí. Pues al parecer el caballero también quería ver las linternas y, sin mirarme, solo pendiente a la mercancía, se paseaba por allí, creo que haciendo lo mismo que yo: esperando por su esposa posiblemente.

Pues por segunda ocasión, reconociendo mis problemas de meterme donde no me llaman, decido irme a otro lado de la tienda, aunque ya a este punto tenía unas ganas increíbles de tomar acción en contra del bendito hipo del caballero. Decido irme a la sección de juguetes. Ahí veo unos LEGO bien cool y mientras estoy mirando uno que me había gustado, adivinen qué vuelvo a escuchar… el bendito hipo nuevamente. En esta ocasión estaba en la otra góndola, pero se escuchaba clarito donde yo estaba.

Pues ya no pude aguantar más. La tercera es la vencida. Entonces me visto de valor y voy con mi carrito de compras, a pasito corto pero caminando como si tuviera prisa, hasta llegar a la otra góndola. Cuando miro, efectivamente estaba el caballero mirando en el área donde están las pompas de llenar las gomas de bicicletas y no había nadie más alrededor. Entonces camino hasta donde él y cuando estoy por la parte de atrás me tiro un “¡WEPAAA!” súper alto para asustarlo y así provocar que se le fuera el hipo y todo esto, claro, de buena fe.

El señor ha dado un brinco que por poco se le sale el alma y se nos va a morar con el Señor de una. Luego de verlo brincar como sapo concho en cuneta mojá, pues me causó un poco de gracia y sonreí sin enseñar dientes para que no se sintiera mal. Entonces se voltea rápidamente todavía con la pompa de llenar gomas de bicicletas en la mano y me mira bien molesto y me dice: “¿Qué carajos te pasa?”. Ahí, como vi que estaba molesto, le dije que lo había asustado para que se le quitara el hipo, pero que no era para molestarlo.

Entonces fue como si le hubiese echado gasolina al fuego. El caballero comenzó diciendo: “No te parto la cara aquí porque estoy en probatoria y no puedo, pero mira, so pedazo de mier…”. Bueno, lo demás me lo reservo por aquello de respetar la privacidad de la conversación.

A todas estas todavía tenía un poco de ganas de reír por el brinco que había dado el caballero, pero cuando escuché la parte de que estaba en probatoria, admito que se trincaron todos mis esfínteres al punto que, de tener dientes sin duda, hubiese roto el calzoncillo de la masticada que di. Fue entonces cuando decidí retirarme lentamente diciendo algunas 35 veces: “Disculpe, caballero, me he equivocado”.

El pobre hombre continuaba hablando cada vez más alto cositas bonitas que terminaban en BRÓN, DEJO y hasta una que comienza en HIJO y termina en UTA. Pues ya cuando estaba par de góndolas más lejos, me entró el mar de risas por lo ocurrido y no podía parar de reír. Entonces voy y le cuento a Leyra lo sucedido y ella, con cara de vergüenza, comienza a regañarme como de costumbre.

Pues estamos ya pagando las cosas en la caja y yo todo tranquilo cuando, de la nada, escucho un “¡WEPAAA!” súper alto… ¿adivinen? ¡El don se desquitó y me dijo: “¿Verdad que es malo?”!

Luego de esta experiencia, si me encuentro con alguien en la calle y tiene hipo, créanme que ni agua le voy a ofrecer… jajaja!!! Me da risa todavía, pero me dio susto al mismo tiempo. Si de casualidad el don tiene redes sociales y lee esto, ¡mala mía! Dejé que mi presentamiento me ganara.

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