Site icon Alex Díaz

Una conversación que no estaba en mis planes

Wow… he tenido una experiencia que, lejos de ser cómica, fue muy sentimental para mí.

Resulta que mientras me encontraba en mi jangueo acostumbrado, como todo esposo que espera a su esposa mientras ella va a las tiendas del mall en cualquier centro comercial, pues decido sentarme en un banquito que por suerte estaba estratégicamente ubicado frente a la tienda donde se encontraba mi esposa por más de 40 minutos, para luego salir diciendo que no encontró nada…

Bueno, pues en este espacio se me acerca este jovencito de algunos 13 años, muy educado y súper buena gente, y cuyo nombre no diré aquí para proteger su identidad.

El chico se me acerca para saludarme, ya que me sigue en las redes, y yo, súper emocionado, le comienzo a hacer uno que otro chiste y le agradezco que me siga en las redes sociales. Entre la conversación ya habían pasado con él algunos cinco minutos. Todavía yo emocionado porque me había reconocido y manteniendo la conversación, pues él me dice de momento:

“Acho, yo te admiro tanto que hasta te veo como si fueras mi papá. Ojalá lo fueras de verdad”.

¡Boom! Cambió mi cara y mi delivery inmediatamente. Le digo:

“¿Por qué dices eso? ¿De seguro tienes un padre, no?”

Ufff… no sé si fue positivo para mí hacer esa pregunta, pero su respuesta fue como una espada en mi corazón. Me dijo que en efecto tiene padre, pero no lo ve hace años, ya que tiene su familia aparte y lo llama cuando tiene tiempo.

Les prometo que estas palabras fueron para mí súper fuertes, pues podía identificarme con su experiencia. Yo vengo de una familia de padres divorciados y puedo entender estos sentimientos.

Mientras el jovencito me hablaba, mi mente corría a mil. Tantas cosas que podía decirle, pero tenía que escoger con cuidado mis palabras, ya que algo mal dicho podía ser un error para este jovencito que me ve como la máxima autoridad a esa edad: “su papá”.

Mientras me hablaba, yo por dentro pedía al Creador sabiduría para poder contestarle:

“Padre, sé Tú quien obre en mí, no sé cómo contestarle”.

El jovencito me contó toda su vida (la cual me reservo, ya que él leerá esto y no quiero romper la promesa de que me quedaría con esa información para mí solamente), y a todas estas me hablaba con una emoción increíble y una sonrisa en su cara, como si nada malo pasara en su vida. Repetía constantemente lo emocionado que estaba de conocerme y de poder hablar conmigo.

Ahí tomé la palabra y le dije, con la voz medio entrecortada, que todos somos distintos y hay quienes venimos a este mundo con distintas carencias de fábrica, pero tenemos que confiar en que Dios nos tomará de la mano en todo momento y no nos dejará desamparados nunca.

Es importante que no pierdas la fe ni las ganas de echar pa’ lante, tengas o no la figura paterna presente en tu vida. De no tenerla, trata de identificar a alguien que admires e imita solo lo bueno de esa persona, pues Dios siempre va a ponernos un modelo a seguir de frente para que nos guíe en ese proceso.

Pero ten mucho cuidado, ya que el mal también te tirará pescaditos y tentaciones que pudieran desenfocarte en el camino.

Hablando con él pude entender que esto es un problema más grande de lo que pudiéramos pensar y algo que debería tener más atención. La figura paterna es vital en todas las familias para que seamos funcionales. Los que no la han tenido no van a fracasar en la vida, pero sí será más complejo en algunas situaciones.

Esto no significa que no van a poder ser personas de bien en el futuro ni que no van a poder tener todo lo que sueñan en sus vidas.

Soy producto de una familia de padres divorciados y con alguna que otra dificultad en estos temas, pero siempre, de chico, solo me enfocaba en las bendiciones que Dios ponía en mi camino. Cuando necesité un consejo, aparecía alguien de la nada y me lo daba; cuando necesité corrección, también llegaba mami de la nada y con su cariño y fortaleza lograba encaminarme para bien.

A mi amigo que conocí en el mall le agradezco por abrir mis ojos en este asunto y estar más pendiente aún de mis hijas.

Al final de nuestra conversación le pedí permiso para publicar la historia sin revelar la información que me dio, y él muy gustosamente me dijo que no había problema, hasta en decir su nombre, pero le dije que eso prefería reservármelo.

Aun así, cuando leas esto, sabes que bendeciste mi día en esa conversación desde el principio hasta el final. Gracias por la conversación y por el rato.

BTW, nuevamente, la camisa con print de Superman te quedaba de show.

Hay veces que Dios nos utiliza para ayudar a otros sin avisarnos. En esta experiencia no sé quién ayudó a quién, pero en definitiva fue gratificante. 🥹

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