Bueno, ¡no paro de reír con esto!
Hoy me encontré con una jovencita de 78 años (así mismo me dijo que lo pusiera, por eso lo menciono). Esta hermosura me paró en el shopping para darme las gracias por no dejarme llevar por las tentaciones ni caer en la cafrería donde me querían meter.
Según ella, mi comportamiento fue el de todo un caballero y que, con mucha elegancia, supe cómo reaccionar ante el mal trato y lo que ella catalogó como acoso laboral. Me confesó que en sus años fue psicóloga, así que puede identificar estos comportamientos rápido. Yo, mientras tanto, estaba en las nubes escuchándola, como alumno en la mejor clase.
De repente, me dice que siempre lee mis posts como este y que recuerda uno de hace un tiempo donde una señora mucho menor que ella me cacheteó un café en una panadería. Pues entonces me dijo que, al ser mayor, me tocaba comprarle uno… ¡pero de Starbucks! Porque, según ella:
—Yo no soy barata.
Les confieso que caí nueeevamente…
¡Ya no tengo más presupuesto pa’ cafés!
Como diría un personaje que me mata de la risa:
¡Las doñitas saben!
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