Querido súper motorista acróbata, merecedor del premio como “wiliador callejero”:
Hoy quiero dedicarte estas hermosas letras. Sucede que hace apenas unas horas me encontraba en mi aburrido vehículo de motor, transitando por las calles de las que me creo dueño por pagar marbete (qué tonto yo).
Iba cantando una de mis canciones favoritas, llamada “Imagíname sin ti” de Luis Fonsi. Sí, soy un fresita a la hora de escuchar música cuando voy solo en mi carro.
Bueno, el caso es que, mientras iba tranquilamente por la carr. 199, la cual tiene tres carriles, y yo iba justo en el de la derecha, como viejito que soy, repentinamente y de la nada me pasaste por el lado en tu súper motora roja y blanca estilo scrambler, en una sola goma y a una velocidad digna de admirar.
Yo, que pensaba que iba por encima del límite de velocidad, me sentí como la tortuga más lenta del barrio al ver cómo casi ni me di cuenta de tu presencia de lo rápido que me pasaste por el lado. Lo que me dio fue el susto de la vida, pues me pasaste tan pegado a mi carro que, si llego a mirar para el lado un segundo antes de que pasaras, te metía con mi larga nariz (ya que soy medio narizón).
Admito que el susto no me incomodó tanto. Más bien, lo incómodo fue el corte que me hiciste al frente de mi carro, como si fueras con prisa a virar en la próxima intersección. De la frenada que di, todavía me duele el empeine del pie derecho y, del susto, si llego a haber tenido dientes en el fondillo, sin dudarlo masticaba el calzoncillo.
Acto seguido, decido cambiar de carril para evitar que, si te escocotabas de la motora, no fuera yo a pasarte por encima sin querer. Me muevo al carril de la izquierda, pero al parecer eso a ti te pareció un reto y decidiste activar el plan “¿Qué pasó, papá?!!”. El plan consistía en dar zigzag desde el carril de la derecha hasta el de la izquierda, como si fueras dueño de la carretera.
A ese punto, ya mi temor no era pasarte por arriba en caso de que algo catastrófico pasara. Más bien, era que, de ocurrir lo peor, seguro tus demás amigos que iban más atrás dirían que yo pude haberte esquivado o que fue culpa mía y, por mayoría, me ganarían en un juicio.
Yo no tengo problema alguno con los que quieran wiliear sus súper motoras y se crean supermanes, pero hay veces que pienso: ¿cuál es la necesidad? ¿Se supone que los aplauda? ¿Lo hacen para sorprenderme?
Si esas son las razones, pues con mucho cariño y respeto les digo que no: no me sorprende verlos wiliear en la calle, no los aplaudo porque pudieran ocasionarle un mal rato a otras personas que nada tienen que ver. Y si tienen la necesidad de ir wilieando, por lo menos tengan consideración con los demás que vamos en la calle, que no nos interesa verlos wiliear y que, en muchas ocasiones, hasta los miramos con cara de: “wow… qué charro te ves”.
No sé si es el susto que todavía tengo lo que me hizo escribir todo esto, y creo que esto no es un problema de la policía. Creo que es un problema de una parte de la sociedad que no tiene empatía ni consideración con el prójimo.
¿Soy el único que piensa así?
¿Estoy mal en mi planteamiento?
Los leo.
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