Me habló de extraterrestres… y me cacheteó el café

Bueno, esta tarde me dieron ganas de un café y, mientras hacía la fila pa’ comprármelo, se acerca una señora de unos 85 añitos con cara medio preocupada. La fila estaba un poco larga, así que la miro y digo el clásico:
—¡Buen día!
Sonriéndole, para animarla un poco.

Ella responde, toda apenada:
—Ay, mijo, ya mismo los días no van a ser tan buenos.

Yo, tratando de no dejar caer el ánimo del vacilón, le digo:
—Si es Díaz, ¡tiene que ser bueno!
Mientras me señalaba a mí mismo.

Pero veo que la señora seguía con el mismo ánimo. Entonces nos ponemos a hablar y me pregunta si había visto la nave espacial que viene directo para la Tierra. Admito que no sabía nada de esto. Ella saca su teléfono y me muestra una foto de una línea de bombillitas de colores en el cielo, toda pixelada. Según “la Internet”, es una nave que viene de camino para acá.

Me dio penita verla tan nerviosa, así que intenté animarla diciéndole:
—Señora, ya sobrevivimos temblores, a María, a los mensajes de texto diarios de Titi Wanda en el 2020 y hasta al Chupacabras… y mire qué bien nos vemos.

Y para relajar un poco y levantar su ánimo, le digo que, pa’ mí, El Molusco es un extraterrestre que botaron de otro planeta. Se rió… tres segundos, y volvió a su carita de angustia.

Y yo pensando: ¿será que los millennials ya estamos curaos de espanto? No hay lucecitas que nos quiten el sueño. ¿Qué tú crees?

Pues entonces llega mi turno para pagar. Estoy frente a la caja y la doña, con ojitos de abuelita tierna, me dice:
—Nene, tú pareces buena gente.

Yo, todo emocionado, le agradezco las palabras y, justo cuando saco la tarjeta para pagar… ¡zas! Me agarra la mano y, como si fuera el gatito de Shrek con ojos tiernos, me dice sutilmente:
—Págame el café, aunque sea.

Ahí entendí que la Generación Silenciosa quizá le tema a los aliens… ¡pero no a cachetearle un café a un extraño!

Luego, afuera, mientras nos tomábamos el café, le dije que publicaría lo sucedido y me dijo que con ella no había problema, pues según ella:
—Ya cobré.
Mientras señalaba su café.

Se llama Carmen Luz. Me cacheteó el café y se marchó sonriendo, como si lo de la nave nunca hubiera existido.

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