¡Estas cosas solo me pasan a mí!
Me detengo en un puesto de gasolina porque estaba empty. Me bajo de mi guagua, camino hacia la caja que queda adentro del puesto y, mientras voy caminando, me percato de un carro con como tres chamaquitos que acaban de llegar. Sé que eran como tres porque llevaban los cristales abajo y venían en un vacilón y mucha risería.
El caso es que entro al puesto y veo a la cajera, que debe tener como unos 25 años por su apariencia, y le digo que quería $50 en la bomba 3. Justo cuando estoy sacando la cartera de la nalga derecha, entran dos de los chamaquitos al puesto y, a viva voz, dicen:
—¡Asalto!
En ese momento creo que llegué a ver la luz al final del túnel. Admito que, del susto, se me salió un chin de meaito y el apretón del esfínter trasero fue tan fuerte que ahora mismo estoy con las intermitentes, como si hubiese ido al baño…
El caso es que, al escucharlos, me quedé frío y miré a la cajera con cara de perrito Sad Sam, con todo y ojos aguados. Justo ahí, la cajera pudo notar mi nivel de embarrao. Me miró con cara de pena… y sonrió. Luego escucho que dice:
—¡Nene, deja el vacilón, que hay clientes!
Pues nada… ahí me enteré de que era su hermano, que siempre que va al puesto le dice eso para “vacilar con ella”.
Jaaa jaaaa… NOOT!
Yo me retiré haciendo mi mejor póker face, aunque creo que todos se dieron cuenta de que estaba súper asustado.
Si lees esto y fuiste tú el charrrrrlatán que hizo esa bromita indefensa, pues sepa que me debes un calzoncillo… porque el que tengo se dañó.
Ah… la guagua se llenó con $43 y ni el cambio busqué…
¡ombe noooo!
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